Que muchas de las pruebas complementarias que nos pueda pedir el médico generan radiación, es algo que sabemos: La verdad es que sólo la resonancia magnética y la ecografía son, por así decirlo, inocuas para nuestra salud. Pero la primera es muy cara, y la segunda no sirve para el diagnóstico de determinadas zonas (cráneo o pulmón, por ejemplo, son poco explorables mediante una ecografía).
En la siguiente gráfica veremos, sin embargo, cuantificada esa radiación de la que hablamos frecuentemente, y que en realidad muchos no sabemos decir si es muy alta, u obviable. Fijémonos, sobre todo, en la cuarta columna; en ella se indica el equivalente en días respecto a la radiación ambiental (la que nos rodea, y contra la que no podemos hacer nada). Como ejemplo, tomemos una de las pruebas que más pedimos los pacientes: Un TAC craneal. Siguiendo la fila del mismo, vemos que equivale a la radiación ambiental de un año entero. Y condensada en pocos minutos.
Por tanto, como vemos, hay pruebas que deberían estar plenamente justificadas, antes de ser solicitadas por nuestro médico.

Yo, desde luego, la próxima vez que me quiera hacer una prueba de este tipo, me lo plantearé seriamente. Y sólo se la pediré a mi médico si realmente él cree que va a servir de algo...
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